Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que? De nuevo vamos a hablar de un tema que seguramente os parecerá interesante, ya que regresamos otra vez a nuestra querida Roma. Pero lo haremos a esa Roma tardorepublicana, concretamente a un momento de crisis política complejo. Para ubicaros, marcaremos la fecha de los idus de marzo del año 44 a. C. Seguro que ahora os situáis mejor y os hacéis una ligera idea acerca de lo que vamos hablar. Si queréis saber más sobre esta fecha y lo que ocurrió podéis leer el artículo de Francisco García Campa, ¡Cuídate de los idus de marzo!
No vamos a hacer mucho inciso en el episodio concreto, sino que lo que vamos a hacer es hablar de lo que sucedió después. Si queréis saber algo más también podéis leer el artículo del blog El Kronoscopio: Julio César muere asesinado. En la situación que tuvo que afrontar la República romana tras la muerte de César. En un momento tan convulso como el que se estaba viviendo, un acto como el asesinato de César, provocaría una serie de consecuencias que marcarían el devenir de toda una generación y que llevarían a Roma rumbo a un cambio político global.
Los idus de marzo del 44 a. C.
Y es que de todo eso se deduce que la República ya estaba tocada de muerte, y se avecinaba una nueva era: el Imperio (dicho así suena muy Star Wars). Pero vayamos al inicio de todo para que os situeis un poco mejor. César fue asesinado por los senadores conjurados a los pies de la estatua del que fuera su gran amigo/enemigo, Pompeyo Magno. Recibió un total de veintiuna puñaladas, aunque parece ser que únicamente una de ellas fue mortal.

Tras acabar con el dictador, los asesinos se refugiaron en la colina Capitolina ya que temían las represalias del pueblo al enterarse. Lo hicieron protegidos por un séquito de gladiadores que el propio Bruto había contratado. ¿Y por qué necesitaban esa protección? Pues porque el pueblo no estaba con ellos, sino que eran más afines a las ideas y a las políticas de César.
Los optimates buscaban recuperar el control de la Res Pública que estaba en manos del dictador y así sacudirse su yugo y restablecer sus antiguos privilegios. Obviamente estos dejaban al pueblo a un lado, de ahí que no les fueran a apoyar, más bien todo lo contrario. César había hecho más cosas por el pueblo de Roma en sus pocos años de mandato, que todos los senadores durante muchas generaciones de gobierno.
Los conjurados debían de estar muy desesperados por recuperar sus privilegios y jugársela para poder abandonar el senado de una pieza. De ahí que Bruto hubiese sido previsor con el asunto de los gladiadores.
¿Qué aconteció tras la muerte de César?
Pero vayamos a uno de los personajes claves en toda esta historia: el joven Octavio o Octaviano, como queráis llamarle. ¿Dónde estaba el pobre cuando su tío abuelo fue asesinado? Pues muy lejos de Roma, concretamente en la ciudad de Apolonia, en la provincia de Macedonia. Estaba con las seis legiones que César tenía listas para emprender la guerra contra el imperio Parto. Allí estaba formándose, tanto a nivel de oratoria (estaba en la cuna de la cultura) como a nivel físico ejercitándose con las tropas.

Hasta finales de marzo, Octavio no recibió la misiva de su madre en la que le informaba del asesinato de César. En la carta le instaba a regresar de inmediato a Roma por miedo a que los asesinos buscasen represalias contra la familia del dictador. Inmediatamente comunicó lo acontecido a los oficiales de las seis legiones. Estas habían sido reclutadas por César tras la victoria en Farsalia contra Pompeyo en el 48 a. C. Así que por ende, le debían lealtad a César y se mostraron indignados con lo acontecido en Roma.
Así que el joven embarcó rápidamente hacia Italia con un pequeño y discreto séquito pero dejando a unas legiones que en principio se mantenían leales a César. ¿Pero que sucedía mientras tanto en Roma? ¿Qué había ocurrido tras el asesinato de César? Sabemos que algunos senadores se posicionaron del lado de los conspiradores. Aunque el clima que reinaba entre el pueblo llano era de enojo con los autores. Bruto y otros de los participantes habían llegado a pronunciar discursos en público para justificar su acto y recabar apoyos. Aunque ni eso, ni el reparto de dinero posterior lograron calmar los ánimos.
La figura de Marco Antonio
Marco Antonio fue el más hábil que los asesinos del dictador y movió ficha antes que ellos. Acordó con Cicerón y otros notables senadores aprobar una amnistía hacía los conspiradores. Eso sí, a cambio de que se mantuviesen vigentes todas las decisiones y actos del mismo César. Antonio logró que se le hiciera un funeral público al fallecido.

Este se celebró en el Foro y el gran amigo de César pronunció un gran panegírico en su memoria. Esa escena estuvo cargada de teatralización por parte de Antonio. El cónsul mostró a los asistentes el manto desgarrado y manchado de sangre que portaba César durante su muerte. Además de eso hizo que se reprodujese una efigie de cera del mismo dictador donde se podían observar los puntos donde había recibido las puñaladas.
Como veis, toda una estratagema por parte de Antonio. Después leyó el testamento del dictador en el que cedía al pueblo de Roma los amplios jardines de su hacienda para que se hiciese un parque público. Además, en su benevolencia, dejaba 75 denarios a cada ciudadano de Roma.
Tras todo aquello, el pueblo se enrabió todavía más contra los conspiradores. Antonio supo jugar muy bien sus cartas. No se posicionó pero colocó al pueblo en contra de los asesinos de su amigo. Así, Roma se convirtió en una trampa mortal para los conspiradores que se vieron obligados a abandonarla de inmediato.
De Octavio a César
El testamento legaba a Octavio tres cuartas partes del patrimonio del dictador y le obligaba a adoptar el nombre de Julio César. Parece ser que ni el muchacho ni nadie de su entorno conocía el contenido del mismo. Desde ese momento pasó a convertirse en hijo adoptivo del dictador, con todo lo que ello conllevaba.
El joven Octavio no había llegado aún a Roma cuando se leyó el testamento, así que recibió la noticia por carta cuando desembarcó en Brudisium. Con sólo 18 años se antojaba complicado que entrase en la vida pública como heredero de un dictador. Y es que ni siquiera tenía la edad mínima requerida para ingresar en el Senado.
Así que a esa temprana edad, el muchacho se convirtió en Cayo Julio César. Lo de llamarse Octaviano no le gustaba, fueron sus enemigos quienes le llamaron así para recordarle cual era el origen de su familia. El joven César llegó a Roma a principios de abril y solicitó entrevistarse con Antonio. Aunque este le dio largas, no considerándole políticamente útil.
El cónsul estaba intentando consolidar su propia posición. Pero El joven César era ambicioso, y no iba a quedarse quieto ni mucho menos apartado de la política ni del legado de su padre adoptivo.
Antonio, el verdadero enemigo
Por ello comenzó a mover ficha con los contactos que habían servido a su tío abuelo, sobre todo con los veteranos de sus legiones. En cambio, Cicerón sí que se entrevistó con el muchacho y quiso ganárselo para la causa de los optimates. De esa manera buscaba su influencia para tratar de enfrentarlo a Antonio, que era el verdadero rival de los conspiradores.

Y hablando de Antonio, sabemos que entró en la vida pública relativamente tarde. Sirvió menos de lo debido en las legiones y tuvo menos participación de la que se cree en las campañas de César. Aunque eso no fue un obstáculo para que se presentara a sí mismo como un gran militar y general.
Incluso hay evidencias de que César le apartó de la vida pública durante algún tiempo a causa de los escándalos que protagonizaba y que no eran dignos de un hombre de su rango. Antonio era un noble romano, y en estatus estaba por encima del propio César. Debemos verlo más como un hombre que tenía sus propias aspiraciones, que cómo un hombre al servicio del dictador. Y es que si se acercó a él, fue porqué podía sacar algo de provecho y beneficio de esa acción.
Sabemos que Antonio fue tanteado por Trebonio, uno de los conspiradores, días antes del asesinato de César. Parece que cómo buen aristócrata que era podía tener intereses en que continuara la República como régimen político. Pese a que Antonio no emprendió acciones directas contra los conspiradores, sí que se encargó de colocar a los afines en los puestos claves. A su hermano Cayo, le otorgó el gobierno de Macedonia y de las cinco legiones que allí estaban destinadas.
Los movimientos comenzaban a entreverse, así que Casio y Bruto decidieron poner tierra de por medio y moverse hasta la parte oriental. Allí se dedicarían a reclutar sus propios ejércitos en previsión de lo que pudiera ocurrir. Cicerón, en nombre de los conspiradores, vio o declaró a Antonio como el auténtico enemigo.
Él y los que seguían su causa, se arrepintieron de no haber acabado con él cuando lo hicieron con César.
La insistencia del joven César
El heredero del dictador no era preocupante por aquel entonces. Tan sólo era un muchacho que apenas tenía presencia política. Pero cuando el joven César regresó a Roma buscó ser reconocido como heredero del dictador. No obtuvo el reconocimiento de ninguno de los hombres poderosos. El cónsul Antonio no le concedió apenas nada de lo que pedía, y las relaciones con él se fueron deteriorando.
Y es que aunque trataba de reunir apoyos, el joven apenas los encontraba si no los pagaba. Ofreció 500 denarios para aquellos que sirvieran bajo sus órdenes (más de dos años de paga). El dinero era goloso y muchos aceptaban, pese a que su número era menor de los que Antonio reclutaba.
El cónsul cada vez se volvía más poderoso, y se rodeó de un nutrido grupo de oficiales, entre ellos muchos centuriones veteranos de César que le juraron lealtad. Estaba fraguándose una nueva guerra civil y Antonio se estaba preparando a conciencia. Fue entonces cuando Cicerón pronunció su primera Filípica o discurso en contra del cónsul (2 de septiembre). En ella le alentaba a mostrarse más piadoso con los conspiradores, tal y como sucediera tras la muerte de César.

Aunque su carácter era fuerte, no respondió con el uso de las armas, pese a que algunos esperaban eso de él. Cicerón se puso a escribir una segunda Filípica que jamás sería leída. En esta dejaba a Antonio por los suelos. Mientras tanto el joven César ya tenía más de 30 mil seguidores reclutados. Muchos de esos soldados y oficiales estaban dispuestos a concederle una oportunidad. Querían saber si estaba a la altura de su tío abuelo.
Entrada en Roma
Incluso sabemos que envió a algunos de sus agentes a Brundisium para intentar hacerse con los servicios de las legiones de Antonio. Una vez dispuso de hombres suficientes, César se puso en contacto con Cicerón. Pretendía que se le permitiese entrar en Roma con los suyos y legitimase todo lo que pedía. Él a cambio prometió que lo haría todo por la vía legal, sin faltar al régimen de la Res Publica.
De hecho César podía suponer una buena herramienta para frenar la ambición de Antonio. Eso era un hecho a tener en cuenta aunque ni el Senado ni él lo veían demasiado capacitado para acaparar tanto poder. Cuando el joven César entró en Roma, sucedió un hecho singular, que estuvo orquestado por él mismo aunque pareciera espontaneo.
Y es que un tribuno organizó una reunión pública en el Foro junto al heredero del dictador. En ella pronunció un discurso en el que criticaba abiertamente a Antonio. El discurso posterior del joven César tampoco convenció mucho a los que le escucharon. Se trataba de los que habían sido seguidores del dictador. Y estos tenían claro que Antonio no era el enemigo, sino que lo eran los asesinos de César.
Al joven no le quedó más remedio que retirarse de Roma un poco escaldado hacia Etruria. Allí intentaría reclutar más tropas con las que hacer frente a cónsul que disponía de más efectivos.
Pero esa es ya otra historia que os explicaré más adelante, en otra entrega de ¿Sabías que?
Un saludo cordial, y hasta la próxima.
Dani dice
Desde luego los inicios no fueron prometedores……..
No sabía eso de que Marco Antonio no había cumplido con su servicio militar. Por las novelas de Colleen McCullough se que Marco Antonnio llevó una vida disoluta y en la que no faltaron escándalos y que como no podía competir en el bando de los optimates se acercó al de los populares (pero sin convicción). Y sobre que no había sido buen militar, los posteriores desastres lo muestran como un militar como mucho mediocre.
Quedo a la espera de futuros artículos.
Sergio Alejo dice
Eso es Dani, Marco Antonio podríamos decir que fue más bien un oportunista que tuvo algo de fortuna a la hora de proceder. Aunque el tiempo como bien dices acabaría demostrando que era un militar más bien mediocre. Un saludo y gracias como siempre por tu comentario.
Sergio
Rogelii dice
Creo que te faltó mencionar un pequeño detalle, Marco Antonio, salvó la vida, porque Bruto no quizo que lo asesinaran- como le aconsejaban los demás-, Marco Antonio, siempre se mostró ambiguo con respecto a los conspiradores y solo cuando se sintió seguro, mostró sus verdaderas intenciones, no hay que olvidar que literalmente pidió la cabeza de Cicerón, que hizo llevar ante él, con la lengua cercenada…
Me hubiera gustado que profundizaras un poco más, en los motivos de los conspiradores…por ejemplo, ¿que motivos tenía Bruto para asesinar a su protector?… Si lo tenía prácticamente todo…te recomiendo leer el Julio Cesar se Shakespeare…donde abunda en la sicología de los personajes…
Saludos.
Sergio Alejo dice
Hola Rogelii,
Podría haber sido mucho más extenso el artículo, pero es un resumen de un período muy complejo del cual hay escritos infinidad de libros muy gruesos, así que sintetizar todo en un artículo de menos de 2000 palabras es complicado, y es normal que algunos detalles queden en el aire. Además a la gente le interesa la historia de los hechos más que la psicología de los personajes (ojo no digo que no sea interesante), así que cuando uno escribe artículos para el público en ocasiones tiene que obviar ciertos aspectos menos atractivos. Dicho esto, por supuesto que Antonio fue un personaje ambiguo, básicamente pq no creía en la política de César ya que él era un optimate de pura cepa. Otra cosa es que se colocara al lado del más fuerte e inteligente. Sobre los motivos para asesinar a César son claros, los aristócratas no querían que el poder estuviera en manos de un solo hombre, y menos de la rama popular, así que optaron por una medida radical, ya que era la única para quitarle el poder a César. Tomo nota de la propuesta literaria que me haces y cuando tenga algo de tiempo me pondré a ello. Muchas gracias por tu comentario.
Sergio
Álvaro dice
Genial entrada. Sólo un apunte, siempre tuve entendido que fueron 23 puñaladas.
Saludos y gracias.
Sergio Alejo dice
Muchas gracias Álvaro,
Pues 21 o 23, creo que tampoco le iría de dos al pobre César. La cuestión es que fue apuñalado por muchos de los presentes y la muerte seguro que fue terrible. Dicen también que sólo una de ellas fue mortal, pero eso también podríamos analizarlo.
Un saludo a ti también y espero que sigas disfrutando de mi blog,
Sergio